Individuo y Sustancias: Rehabilitación, Resocialización, Mentiras

Tengo un amigo que recientemente estuvo en “rehabilitación”. No estuvo mucho tiempo, comparado a lo que les toca a otros. 6 meses. De todos modos, piénsenlo: 6 meses fuera de todo contacto, aislado, rodeado de “locos” o “adictos” (o “herejes”, o “brujas”).

Primero conozcamos a Alias, mi amigo. 21 años, secundario completo (a tiempo), estudia intermitentemente, aunque una cierta inconstancia lo mantiene lejos del avance “formal” en su carrera, aunque su avance a nivel “conocimiento” es amplio: él es muy ávido y curioso, y no para de leer. Sabe sobre psicología, química, física cuántica, filosofía, etcéteras y misceláneos. La marihuana era la única droga que Alias realmente consumía, de manera estable y sin perspectivas de dejarla. Pero Alias tiene una mente experimentadora, y no es una persona que dada una situación particular con un elemento desconocido se aleja. Al contrario: en la mayoría de los casos se aventura a ver que pasa. Esto es una constante en su vida, y obviamente influyó su actitud a la hora de encontrarse con otras drogas. Probó muchas, muy diferentes. Recuerdo que con cada una iba catalogando sus efectos cuidadosamente, leyendo al respecto antes y después de consumirla, viendo como había interactuado con su psique en particular, etc. En general repetía el consumo hasta entender el efecto, luego no se le hacía necesario continuar con el hábito. Más allá de cualquier cosa que puedan decir sobre las drogas “altamente adictivas”, tuvo esta relación de encuentro y alejamiento con muchas de las que se consideran las más peligrosas. Esto ya demuestra que Alias contaba con la “Voluntad necesaria” para mantenerse lejos de ciertas cosas en el momento adecuado. No era ignorante en cuanto al funcionamiento fisiológico de las drogas que consumía y conocía bien los umbrales de la adicción, producto del aumento de la resistencia de su psique y su cuerpo a las dosis normales de una sustancia.

Un buen día, Alias probó LSD.

El LSD es una sustancia muy particular, que cuando consumida por gente con cierto perfil (En general un perfil lector, “rebelde” y con giros místicos) puede causar un cierto cambio de “cosmovisión” muy radical. Inútil sería intentar ponerme a describir este cambio, pero digamos que es inundado por una sensación abrumadora de entendimiento. Esta sensación se encuentra cerca de la psicosis, y puede perfectamente constituir un brote sicótico si la persona se “despega”. Esta “separación” la propia psique la “proyecta” como una caída, en donde uno está intentando agarrarse de algo pero una corriente lo lleva hacia otro lado. Una vez que uno cae siente un enorme vértigo hasta que se acostumbra. Allí, por un momento, uno se cree portador de todas las respuestas, ya no queda ninguna duda. Esto es claramente peligroso si se mantiene en el tiempo. Alias tuvo un pico de unas 72 horas en este estado de “Iluminación temporal” luego de consumir. Luego, a través del diálogo sostenido comenzó a retomar contacto con lo concreto y por ende con la dubitación, estabilizándose, manteniendo un cariz de trascendencia en su discurso. Como se establecerá más tarde, Alias nunca pierde contacto con la racionalidad, y era perfectamente capaz de mantener un diálogo perfectamente cuerdo sobre los temas más complejos. En ningún punto se puso en una situación en la que peligrara su salud o su vida o de otra persona. No demostraba intenciones de repetir el consumo ni de LSD ni de una sustancia fuerte en el futuro cercano.

Principalmente su padre, con apoyo silente de su madre, decide internarlo en una institución en Buenos Aires, sin conferenciar con él primero. Un buen día, Alias se encontró a las 9 de la noche encerrado en un cuarto de una casona en Buenos Aires. Sabía que era paciente de algo, y siendo un tipo despierto, ató los cabos, pero nadie le emitió un diagnóstico ni se le dio un tiempo estimado de tratamiento. Nadie habló con él hasta 12 horas después, cuando comenzó la batería de entrevistas. Alias se dispuso a contarle lo que pasaba en su mente al desfile de psicologos o interinos que pasaban por el consultorio. Luego de que sus ponencias sobre física, metafísica, química neuronal y filosofía llegaran a oídos sordos de profesionales inexpertos o desentendidos de su problemática, alguien atinó a mencionar las palabras “brote psicótico”. Luego, se le aplicó el tratamiento estandarizado.

Hablemos ahora de esta supuesta “institución de salud mental”. No es mi intención hacer una denuncia aquí a la institución concreta ni tengo los datos precisos, simplemente las percepciones de mi compañero, pero creo que es un buen punto de partida para abordar la hipocresía con la que se maneja todo en este sistema. Los tratamientos son unificados. Alias fue sometido al consumo de resocializantes, calmantes y ansiolíticos entre otros, que, en un periodo muy corto demostraron los estragos que realizan sobre la mente humana. No se encontraba mal ni al borde de la muerte, pero me cuenta que su “espectro mental” se volvía cada vez más angosto. Perdía la “viveza”. Engordaba. Dormía profundamente y se levantaba cansado. Ahora, se sentía un adicto. Cabe destacar que Alias no tuvo ningún síndrome de abstinencia de ninguna de las sustancias que previamente consumía ocasionalmente, ni lo tuvo de la que consumía establemente: Marihuana. Hubiera tenido, si, síndrome de abstinencia del tabaco, si no se lo hubieran suministrado dentro de la misma institución.

Para todos los internos, existe un tratamiento de tres fases: Aislamiento, Adaptación y Resocialización, a grandes rasgos. El Aislamiento es bastante explicativo. Solo se tiene limitada interacción con profesionales y ocasionales encuentros durante los pocos recreos. La segunda fase, adaptación, consta en pasar tiempo en comunidad con los demás internos, asistir a grupos de apoyo, realizar tareas dentro de la institución. La tercera consiste en el “regreso progresivo a la sociedad”, a la cual pocos internos llegan, y muchos fallan. Los grupos de apoyo no hablan de sustancias. Gente que ha perdido su vida por las más diversas razones describen como “la droga” destruyó su vida. Alias me destacó que en la mayoría de los casos (como cualquier persona cuerda se imagina) había horribles decisiones previas en las personas que las habían llevado a consumir. Sus problemas se rastreaban a mucho antes, pero la institución no hacía ningún esfuerzo por despegar las causas raíces de los problemas de las adicciones (curables fácilmente en la mayoría de los casos dado el apropiado tratamiento psicológico de las causas y médicamente la adicción). La institución se concentraba en alejar al individuo de la sustancia, cualquiera que esta sea. Unificar las sustancias como “Drogas” sin distinguir unas de otras, y incluso tratar a “Locos” y “Adictos” como un mismo “gran delirio de des-socialización”, lo que termina juntando papas con manzanas, y no logrando ningún progreso.

Clara en este sentido fue la anécdota que Alias me contó sobre su primer grupo de apoyo. Ante la declaración suya de que no estaba en desacuerdo con el consumo de la marihuana, insultos empezaron a fluir de todos los presentes, llamándolo idiota e inconsciente. El “profesional” que dirigía el grupo se dispuso a explicarle, muy condescendientemente, la vieja teoría de que “El único que pierde es el adicto”, que consiste en que sobre ellos se ubica una cadena de beneficiarios en la cual el único que se ve perjudicado tanto económica como mentalmente es el “adicto”. Las razones de que este planteo sea falaz son muchas. En primer lugar, cualquier cadena de valores comercial tiene la misma característica: El único que la financia es el consumidor. La ropa que se vende o la comida cumplen exactamente las mismas especificaciones: una cadena de valores y intermediarios montada sobre el consumo del individuo. Es la base de nuestra sociedad capitalista, lo cual no diferencia al negocio de las drogas de ningún otro. Magistral fue la forma en la que lo expresó Alias en ese mismo momento: “Pero si yo consumiendo beneficio a los poderosos y a los ladrones, estando acá hablando con vos, recibiendo un tratamiento pésimo y pagando miles de pesos al mes por él, los beneficio aún más. Sobre vos también hay una cadena de valores que involucra coimas a las obras sociales, a los ministerios, a los laboratorios. Es lo mismo”. A lo que el supuesto profesional contestó, indignado (y cito): “¡Este chico piensa mal!”.

Creo que es hora de que nos demos cuenta el nivel de hipocresía que reina en la sociedad actual con respecto a las drogas. Bienes estratégicos, que son el tercero o segundo motor de la economía mundial, es verdad que las cadenas de valor se montan sobre la decepción y la muerte, pero no a causa de los consumidores, sino a causa de todas las hipocresías que un siglo de lavado de cerebros ha insertado en nuestra cabeza como dogmas. La ilegalidad beneficia a los políticos y a los productores. La ignorancia sobre los efectos reales y el funcionamiento de cada droga beneficia a los laboratorios, tanto los que producen reemplazos de drogas ilegales a precios exorbitantes, como a aquellos que producen los repugnantes “Resocializantes” que les damos a los chicos que “piensan mal”, destruyendo familias. Debemos aceptar que es parte de una sociedad avanzada el que cada individuo pueda manejar responsablemente su relación personal con las sustancias que el mundo tiene para ofrecerle, encontrar la forma de aprender de ellas, de usarlas a su beneficio, a cuales acercarse y a cuales alejarse, y cuando pedir ayuda.

Parto de mi ejemplo de base, el que ha motivado todo esto: Mi amigo tenía un problema, no muy grande y pero si muy complejo. Necesitaba contención, necesitaba diálogo con sus pares que, aunque los hayan etiquetado de “compañeros de consumo”, fueron los primeros en notar su desequilibrio y atacarlo. Necesitaba de estar con su familia. Necesitaba encontrar su propio camino de vuelta, con una carga incrementada de conocimiento y fuerza. Este proceso se vio truncado, por esta tragedia que fue su encierro, por esta locura que fue su internación. Más allá de todos los intereses económicos involucrados, mi llamamiento es a las familias, al núcleo básico y fundamental de autoridad: desconectados de lo real, de lo que ven sus hijos en la calle, y empecinados en que invertir dinero es obtener salud, que alejar es reparar y que callar es olvidar, no podrán atacar los problemas de sus hijos. En una generación que es históricamente crucial, que verá cuando sea adulta un mundo fundamentalmente diferente de en el que nacieron, más turbulento, más peligroso y más complejo no podemos y no debemos darnos el lujo de hacer estas estupideces.

5 comentarios para “Individuo y Sustancias: Rehabilitación, Resocialización, Mentiras”

  1. Quiero hacer una aclaración que me pareció importante. Da la sensación de que estoy en contra de cualquier reclusión o separación en cualquier contexto. No es así. Cuando se tratan adicciones severas a la cocaína y a la heroína, y a drogas de menor calidad y peores efectos, si la separación, y rotura de relaciones con el contexto forma parte de un diagnóstico profresional serio y bien fundado, apoyado por la familia y existe un peligro real para la vida del consumidor, el desprendimiento probablemente si sea recomendable. Esto no justifica el deseo de beneficio por parte de las instituciones privadas, que siempre diagnostican reclusión, las familias por la carencia de una relación honesta y abierta con sus hijos, y a la sociedad en general por su indiferencia y ignorancia sobre el tema de las drogas, sobre las estadísticas reales de consumo y conformarse con meter todo donde no lo veamos.

  2. Recomiendo una película brasilera al respecto “Bicho de siete cabezas”.

  3. Somehow i missed the point. Probably lost in translation :) Anyway … nice blog to visit.

    cheers, Lithosphere.

  4. que no sean timidos por que asi uno puede perder todo

  5. les deseo suerte
    cambien
    nosean tan vovos y cambien

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