Severino Di Giovanni 1: Ideología y Contexto
Los poderosos quieren que nos olvidemos de Severino. Nada seria más funcional a aquellos que quieren dominarnos que relatos como el de Severino DiGiovanni se pierdan en el olvido. El olvido, claro, es algo relativo. Siempre podremos encontrar en las hemerotecas, en los archivos oficiales, su expediente criminal, las muchas tapas de los muchos diarios que su nombre ocupo entre 1926 y 1931. Si vamos más profundo, haciendo una investigación a nivel internacional, mirando bien adentro de los dispersos archivos del anarquismo, podremos encontrar muchas referencias a su persona en la correspondencia y prensa de la época.
Es que en Severino se encarnaba el debate que separó al Anarquismo: Diremos que ellos, los poderosos, son nuestros enemigos. Diremos que nos reprimen, que nos violentan, que achatan nuestras almas y nos ponen viseras para que no veamos a los costados de los caminos que nos dibujan ¿Pero nos levantaremos en armas contra ellos, cada uno de nosotros, sin importar quien o no nos acompañe? ¿Dejaremos “En la cancha” no solo nuestras vidas, sino las vidas de los soldados del enemigo, muchas veces caratulados de inocentes? Severino respondió siempre, sin ninguna duda, algo como esto:
Para mí elegi la lucha. Pasar monótonamente las horas enmohecidas de la gente común, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar, llevar encima una masa informe de carne y huesos. A la vida hay que ofrecerle la exquisita rebelión del brazo y de la mente. Enfrente a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.
Severino resuelve la cuestión facilmente, y de manera clara: Ser un soldado del sistema no es vida, por lo tanto no es nada lo que quita. El “Inocente” lleva esa misma carga, la de la inocencia, la del desentendimiento, la del “Dejar hacer” a la maquina que controla a cada una de esas herramientas que pueden, individualmente, desentenderse de las acciones del monstruo abstracto para el que trabajan, pero mientras no estén afuera de ese circulo, luchando por romperlo, llevaran con ellos su porción de culpa. Severino peleaba en una guerra. No solo en “Una guerra” como las hay muchas, sino en “La Guerra”, la única que importaba, la del Individuo contra la represión, contra la sociedad, contra la masa inerte, contra el Leviatán.
No quiero involucrarme aqui en este debate sobre el que el mismo Severino se pronunció en reiteradas oportunidades, y sobre el que existen pilas de material. Me gustaría utilizar este primer artículo para poner un poco de contexto histórico y entender contra quienes peleaba Severino, antes de hablar un poco sobre el personaje.
En esta epoca (entre 1900 y 1930 aproximadamente), el sentimiento de las primeras “Masas Educadas” o “Masas Letradas” que existieron en la historia bullía de revolución y libertad. Muy distante de como fue contado el “Relato Oficial” de cada uno de los grandes monstruos que se enfrentaron luego (el Capitalismo, el Socialismo Real, el Fascismo y los totalitarismos del Siglo XX en general), la realidad es que hubo un increible burbujeo de movimientos, tendencias, facciones y subfacciones que, en general, debatían abiertamente, respondiendose unos a otros a través de sus respectivas publicaciones, correspondencia privada, panfletos, etc.
Esta ebullición intelectual y debate abierto dio lugar a que se dibujaran utopías, deseos, sueños, y todos tenían como culminación final, una especie de paraíso llamado Libertad. Luego del fin de la primera gran guerra, en los escombros humeantes quedó parado el pueblo, y los reyes que se paraban sobre sus cabezas habían quemado el suelo que los alimentaba. El pueblo tenía hambre y libros. Libros de Bakunin, de Marx, de Rosseau, todos libros que eran básicamente el manual de instrucciones de aquellos que los cagaban. La resolución fue predecible, y los escritos, de alguna manera, parecieron por unos años convertirse en profecías autocumplidoras. El tiempo supo refutar esta esperanza, la esperanza de que el pueblo había aprendido para nunca volver atrás, pero en ese momento, todo parecía encajar.
En esta ebullición se encontraba el Anarquismo. No me extenderé explicando las bases de este movimiento filosófico en primer lugar, individual y practico en segundo lugar, y político en tercer lugar (Y en ese orden de relevancia). El más radical de todos, el más utópico y rosseaunieano, seguramente el más bello teóricamente, se separaba del resto por su creencia básica en la total desjerarquización, en la destrucción de todo aquello que no sean individuos libres relacionandose, y de la mejora del individuo ya no como átomo básico de un sistema superior, sino como una unidad absoluta y única. El Anarquismo no habla de otra cosa que del Individuo. Consecuentemente, su absoluta descentralización, su carencia total de estructura y en muchos casos incomunicación o desconocimiento de un miembro de todos los demás, la ausencia total de empadronamiento, participación en elecciones, tramites estatales, o cualquier cosa que implicara interactuar con el estado, y por la absoluta rebeldía que reinaba en el corazón de sus adeptos, supo ser miedo y azote de los poderosos, moviendose en un lugar donde ellos jamás podrían alcanzarlo del todo. Sobre este miedo al desorden y al caos, al anarquismo y al socialismo, se montaron los aparatos represivos más poderosos de toda la historia del hombre.
El Anarquismo supo engrosar sus filas en Italia y España. Si recordamos un poco de historia de segundo año, educación civica creo, donde estudiamos los flujos inmigratorios, recordaremos que uno de los más fuertes de ellos, y uno de las migraciones más grandes de la historia, fue la inmigración Italo-Española a la Argentina en el contexto de la primera guerra mundial. Argentina estaba importando revolucionarios, y necesitaría un sistema represivo acorde al desafío. Afortunadamente, esto no era Europa, donde la Burguesía no había tenido que desalojar a tiros a millones de indios. Los revolucionarios que Europa exportaba, en Argentina podían ser asesinados en masa. Europa, de todos modos, no tardaría en ponerse al día con la práctica que ellos mismos habían exportado unos decenios atrás.
El Anarquismo se instalo fuertemente en Buenos Aires. Más fuerte que el Socialismo, supo organizar rápidamente un movimiento obrero completamente organizado. Los gremios y los sindicatos se multiplicaron, los trabajadores se organizaban en sus reclamos, y todos, desde los Panaderos (Legendarios Anarquistas, bautizantes de las Facturas con los nombres que permanecen hasta hoy) hasta los peones rurales de repente tenían representación gremial, programas de lucha, realizaban huelgas, reclamaban condiciones justas ¡Esto no podía ser!
Ya en el gobierno de Yrigoyen hubo una “Degustación” de lo que luego sería la década infame. Presionado por todos sus flancos, Yrigoyen no supo como reaccionar ante el reclamo masivo de los peones rurales de la Patagonia. Las más insignificantes escorias de la sociedad, los gauchos mal pagados que gastaban todo su salario en alcohol, se revelaban contra el sector más poderoso de la Argentina, los terratenientes. Yrigoyen, queriendo quedar bien con una vez con los poderosos, envió a los militares ¡No era para menos! ¡Imaginense! De pronto un dirigente anarquista, carismático y con la capacidad de convencer a las masas se ve acompañado por un tipo que se hace llamar Facón Grande. Una escena que atemorizaría a cualquier miembro de la Sociedad Rural. Sólo costo la vida de 1500 morochos para que se callen la boca unos 100 años ¡Qué ocho horas ni que ocho cuartos! ¡A Laburar!
Es por esta epoca, más o menos, donde Severino Di Giovanni hace su aparición en escena, en 1925. Como todo gran personaje, Severino haría un debut a todas luces: en el mismísimo teatro Colon.
Continuará
Junio 8, 2008 a 5:52 pm
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