Severino Di Giovanni 2: Terrible Agitador Anarquista
Este artículo es la 2da parte de una serie. El anterior está acá
La principal fuente de información para esta serie es el libro “Severino DiGiovanni: El idealista de la violencia” de Osvaldo Bayer, de la colección Booklet de Editorial Planeta.

6 de Junio de 1925, Teatro Colon.
La cúpula Ítalo-Argentina festeja con toda fanfarria el 25 aniversario de la subida al trono del Rey de Italia. Marcelo T. De Alvear y la mitad de su gabinete se encuentran con el Conde de Viano, entre risas y amistades, copas de licor y alfombras rojas. Se pronuncia el himno argentino, para luego darle paso a la Marcha Real Italiana. Todos se paran y vociferan las letras, con emoción y lágrimas.
Se escuchan gritos lejanos desde el paraíso ¡Asesinos! ¡Ladrones! Llueven volantes, y los gritos empiezan a ganar volumen. El director sigue lo que puede, hasta que se hace imposible ¡La indignación! ¡Y durante la Marcha Real! La policía y los camisas negras actúan inmediatamente. Los agitadores se defendían bien, y aunque los camisas negras entraban uno tras otro al paraíso no se apagaba el barullo.
Las vociferaciones en italiano, maldiciendo a los fascistas dominaban el teatro entero. No fue sino luego de largos minutos que lograron subyugarlos. Diez arrestos constan en el acta policial. Nueve de ellos no responden ninguna pregunta que se les hace. No revelan sus nombres ni su ideología. Excepto el rubio, el que más Camisas Negras se había cargado. Declara que no conocía al resto de los hombres. Que había llegado a “repartir los volantes” y allí se había encontrado con los otros antifascistas, con los que nunca había hablado. Milita en el anarquismo hace 4 años. Su nombre: Severino DiGiovanni
<!– @page { size: 8.5in 11in; margin: 0.79in } P { margin-bottom: 0.08in } –>
Di Giovanni llegó a Argentina en mayo de 1923, con su mujer y su hija. Trabajará en un taller tipográfico en Morón. Severino era un lector ávido. Su autor favorito era Reclus. También gustaba de Proudhon, Bakunin, Nieztche, Malatesta, Kropotkin. Un hombre culto, inquieto, extremadamente autodidacta, Severino no tuvo problemas de aprender el castellano rápidamente, y hasta hacerse lo suficientemente diestro para redactar artículos periodísticos. Rápidamente se inserto en los circulos anarquistas locales, sin nunca afiliarse a ninguna organización gremial o política, siempre siendo un agente libre.
En esa época, el movimiento anarquista se encontraba dividido. Los ácratas que profesaban el individualismo se agrupaban alrededor del periódico La Antorcha y los gremios autónomos, mientras que los “organizacionistas” se agrupaban en torno a la FORA y al periódico La Protesta. El anarquismo más acérrimo, más individualista y más combativo encontraría una nueva voz en Cúlmine, publicación escrita, impresa, editada y distribuida por Severino Di Giovanni.
Severino se presentaba en actos y reuniones, y subia al estrado como orador espontáneo. Reclamaba más acción individual frente a la violencia del estado fascista Italiano, que los perseguía desde Europa, y su aliado, el Estado Argentino, que los patoteaba, golpeaba e incluso asesinaba a sus compañeros. Reclamaba luchar contra aquellos que los reprimían con sus mismas armas, por todos los medios. Severino supo ser rápidamente tema de conversación. A nivel dialéctico, no tenía nada que envidiarle a los grandes vociferadores, y su verdadera ventaja residía en su honesto desinterés, el no intentar posicionarse en posiciones de “Poder Real” o ni siquiera de liderazgo informal. Pocos lo escucharon, pero aquellos que sí lo hicieron también eran los más decididos. La situación era en realidad tan radical como Severino la planteaba: El asesinato político era algo cotidiano, masacres se estaban llevando y se habían llevado a cabo. La más acérrima de las represiones ideológicas era el preludio para lo que sería el golpe de estado de 1930.
En Estados Unidos dos obreros anarquistas, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, son condenados a muerte por un supuesto robo millonario. No había suficientes pruebas de su culpabilidad, y su condena había sido obviamente “ayudada” por el hecho de que eran inmigrantes pobres y agitadores anarquistas. El hecho desató una protesta internacional de magnitud nunca antes vista, particularmente en Europa y Buenos Aires. A la cabeza de aquella protesta en la Argentina se encontraba Severino DiGiovanni. Ya radicalizado, Severino organiza su primera acción individual: El bombardeo a la Embajada de los Estados Unidos. El Domingo 16 de Mayo de 1926, a las 23 horas, una bomba abre un agujero en la pared frontal de la embajada, en Arroyo y Carlos Pellegrini. Por el boquete podía pasar un auto. El escudo estadounidense vuela muchos metros antes de aterrizar en la vereda opuesta. Cascotes humeantes inundan la vereda, agentes de policía y funcionarios de la embajada se agolpan en torno al lugar del hecho, pero no hay ninguna pista de quien puede haberlo hecho. Solo sabían algo: Habían sido los Anarquistas. La represión no se hace esperar. El último número de La Antorcha es confiscado, se cierra la redacción y muchos anarquistas son apresados para “Indagatorias”.
Severino, lejos de tomar el perfil bajo y ocultarse, publica un número de Cúlmine esa misma semana. Su titular lee:
Cara a Cara con el Enemigo: Un generoso, uno de esos que surgen cuando la reacción está en el máximo desahogo de su sadismo, ha dado la señal. Una bomba ha explotado en la embajada de Estados Unidos ¡Es la señal de la lucha! ¡El delito contra nuestros dos compañeros, será vengado! ¡No esté segura la casta burguesa norteamericana!
A los pocos días, Severino mismo es arrestado. No era muy dificil dar con él, ya que había dado su domicilio en el arresto del teatro Colón. Sospechado por la policía de ser el autor del hecho, lo mantienen encerrado en el calabozo una semana para “Ablandarlo” antes de ser interrogado: sin recibir alimentos, siendo castigado y golpeado. Severino, con la más absoluta de las calmas, no les revela nada. La policía carece de evidencia que lo vincule, solo la corazonada que tienen los oficiales: Severino no era un inocente redactor. Pero debe ser liberado.
Severino mantiene su actividad propagandística. Publica Cúlmine establemente, aunque a duras penas lo resisten sus finanzas. También se las arregla para lanzar su primer libro, “Chacales”, un resumen de la historia de la represion fascista, del cual lanza 3,000 ejemplares a un precio que apenas le permite cubrir los costos de la impresión. La ejecución de Sacco y Vanzetti se acerca, y las instancias de apelación se van terminando. Más de un año después de su primer atentado, Severino realiza su segundo ataque. Esta vez atacaría al chacal mismo: el comisario Santiago, conocido represor, que se salvó de milagro del atentado. A las 10 de la noche del 16 de Agosto de 1927, una poderosa bomba destruiría su domicilio ubicado en Rawson 944, en el barrio de Almagro.
A la hora cero de ese 23 de Agosto, Sacco y Vanzetti son ejectuados. Severino se ve inundado de congoja y tristeza. Toda la lucha ha sido inútil, y los burgueses han ejecutado a los dos compañeros.
La nueva aparición de Severino en acción se hará esperar hasta Noviembre del mismo año. El dueño de la fabrica de cigarrillos “Combinados” tiene una idea: Lanzará una linea de cigarrillos cuya marquilla leerá “Sacco y Vanzetti”. Pensó que ese nombre les brindaría una popularidad instantánea. Al enterarse de esto, Severino se indigna ¿Cómo podía este capitalista asqueroso difamar el nombre de los dos grandes luchadores para su beneficio personal? La acción no se hace esperar, y el 26 de Noviembre Severino hace estallar la fábrica. Los cigarrillos SyV nunca verían la luz.
El próximo atentado de Severino marcaría el principio del fin. El 24 de Diciembre de 1927 Severino planeaba hacer estallar el City Bank, a las 12.05, cinco minutos despues de que haya entrado en efecto el asueto por la Navidad. Severino deja el maletín a las 12.00, acostado debajo de un pupitre. Los explosivos comenzaban a actuar, pero la gente no se iba del recinto. Severino lo nota, pero es demasiado tarde. El saldo final del atentado son 18 heridos y 2 muertos, entre ellos una mujer de 19 años. Severino, luego de 3 atentados sin victimas fatales, había manchado sus manos de sangre. Este hecho marcó el cisma final entre Severino y el movimiento anarquista argentino, y la total entrega de Severino a la violencia como método de rebelión. “La Protesta” lo condena duramente, como siempre lo había hecho, pero el periódico que siempre había apoyado a Severino, “La Antorcha”, dirigido por su amigo Aldo Aguzzi, no puede ya justificar sus acciones. Sin condenar totalmente a Severino, destacando su dedicación y su vocación de poner la propia vida en la línea, no puede justificar la muerte de personas inocentes.
Redoblaría la apuesta. Severino se entera de que el 23 de Mayo un alto funcionario del fascismo, el ambasciatore conde Martin Franklin visitaría el nuevo edificio del consulado de Italia, que se había estrenado hace poco en Quintana 475. Franklin sería el objetivo de Severino. Su plan era ingresar al consulado y dejar un maletín-bomba en el segundo piso, en la puerta de la oficina. Su plan falló: Una vez allí, alguien lo vio, y se vio obligado a abandonar la escena antes de poder ingresar al edificio, pero no antes de abandonar el maletín. La explosión, según los testigos, fue formidable, y dio la sensación de que todo el edificio se desplomaría. En ese momento se estaba realizando una inscripción para formar parte de los cuadros fascistas en Buenos Aires, y mas de doscientas personas se agolpaban en el hall principal. El saldo final fue de 9 muertos y 34 heridos. Como destacaría después una publicación anarquista, cada uno de ellos era un fascista registrado.
El atentado al consulado italiano sería el acto terrorista más importante de la historia argentina hasta ese momento, y no sería igualado en su magnitud y impacto político por décadas. Más allá de otros atentados que realizó Severino posteriormente, ninguno alcanzó la magnitud de este, y fue el hecho que marcó época y llevó a Severino a las tapas de los diarios para quedarse. Su mote solo podía ser uno: Enemigo Público Número Uno
Junio 22, 2008 a 11:23 pm
que historia!!!!!!!! pero hay algo que se hace notar.. ( a pesar de las muertes de las personas inocentes,) la ideologia de igualdad y justicia por sobre todas las cosas, llevaron a cumplir sus objetivos, bien JUSTOS., hay algo que queda claro: asesinos como los fascistas no hay!!!. reconocido por los que seguimos luchando por la ANARQUIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Junio 27, 2008 a 12:21 pm
Gran luchador incansable por la libertad. Fue uno de los palos más difíciles de romper que supo atorar con tenacidad a la gran maquinaria. Su mirada combativa es formidable, considerar no vida a la adhesion voluntaria o no a el sistema devorador. Por otro lado, creo que es repudiable el hecho de que se actue con violencia. La violencia siempre genera más violencia (más alla de que parezca una frase trillada). Es cierto que para poder construir el mundo que soñamos, es necesario una destrucción completa de los valores, para dar a lugar, a un suelo firme y estable que nos permita edificar los cimientos de una nueva raza. Una raza evolucionada en donde predomine la busqueda de la verdad, la voluntad y la libertad.
Pero la revolución es interna. Solo disparando chispas al viento, se podrá lograr la gran hoguera, que redima a este mundo de la crueldad y la banalidad.
Agosto 14, 2008 a 1:12 am
Solo es considerado asesino aquel q da muerte al corrupto ,al asesino al explotador ya q solo cuentan las vidas de la gente q mas plata tiene!!!!
Viva Simooonnn!!!!!!!!!!!!!!
Septiembre 4, 2008 a 8:21 pm
soy el primo cuarto de el , mi abuela es di giovanni:)
Noviembre 2, 2008 a 2:41 pm
Te pasas con tu blog realmente.
Felicitaciones.
Febrero 19, 2009 a 2:41 am
Gente como Severino son los que hacen falta hoy, que no te matan los facistas sino la clase politica corrupta que se enriquese mientras el pueblo se muere de hambre.
Febrero 19, 2009 a 2:44 am
hay que comenzar a seguir el ejemplo de Severino y vamos a ver como los politicos actuales comienzan a ponerse las pilas y cumplen el papel por lo cual fueron elegidos por el pueblo.